jueves 5 de noviembre de 2009

INDIA: Rajastán

Alguien dijo una vez que da igual lo que uno diga de la India, lo contrario también es verdad. La India no es un viaje, es una experiencia de vida; olores, colores, imágenes que se graban a fuego en el recuerdo y sensaciones que se mezclan en este país tan variopinto, impregnándolo de un carácter único en el mundo, que no deja a nadie indiferente. Un país que consigue cambiar a los que lo conocen para bien o para mal, la India, es sin duda, una lección eterna. Una vez dicho esto, que cada cual, saque sus propias conclusiones.

Viajar al ritmo de cada uno por la India, por primera vez, es toda una experiencia, la realidad es tan potente que termina por romper los esquemas de cualquiera. Una realidad que incluye atentados, descarrilamientos, inundaciones, conflictos religiosos, desigualdades hirientes, corrupción política y también; bellezas naturales, austeridad, miseria, abandono. Rajastán es una caja llena de sorpresas, la mejor manera de hacer saltar por los aires, los prejuicios y la ignorancia que muchos occidentales tienen sobre la India.


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Zambullirse en la fabulosa provincia de Rajastán, es zambullirse en un mundo aparte, o mejor dicho, es otro mundo. Más que un Estado o una región, Rajastán embauca los sentidos. Esta región es también la que han querido calificar como la India romántica y fastuosa de los maharajaes, aunque actualmente no sea posible encontrar ni una, ni otra.

La desaparición del Imperio británico en 1947, puso fin al reino de los maharajaes, príncipes de las mil y una noches. Lo que al menos se conservan son sus palacios, sus tesoros y sus tradiciones. Todavía pueden verse desfiles de elefantes encaparazonados de oro y plata, montados por jinetes dignos como reyes, seguidos de dromedarios y de caballos fastuosamente enjaezados, es tierra de antiguos señores feudales, la región más espectacular del subcontinente, etapa indispensable para todo el que quiera entrar en contacto con la India.

En lo alto de cimas inaccesibles, hay fuertes en cuyas piedras resuena todavía el eco de feroces combates, hay palacios de ensueño que parecen sacados de libros antiguos, por toda la región quedan vestigios de un pasado glorioso del que los rajastaníes se sienten todavía orgullosos. Los campesinos y pastores visten con turbantes que son como manchas de color; amarillo, rojo, malva, rosa, caminan entre el polvo ocre que levantan sus rebaños, las mujeres van vestidas con saris en los mismos tonos, algunos bordados en hilo de oro, lucen joyas de plata vieja y piedras semipreciosas.

Salir de viaje introducido en la burbuja invisible de un autocar, aislándose del entorno, metidos en un grupo turístico que viaja metido dentro de la pecera en la que se convierte el autocar, en un seguro y aséptico aislamiento. Se cae en la desgracia de pensar que todo es hermoso, que la gente sonríe con el corazón de pura felicidad, nada más falso, los saris de colores están roídos, las sonrisas esconden el símbolo del dólar en los ojos, el servicio no es amable ni correcto, sólo es un gesto de supervivencia. Siempre que la miseria, la muerte, la necesidad no se acerque demasiado al turista, siempre que no le perturbe su visión detrás de la cámara fotográfica, que no penetre en nosotros el olor de excrementos, orina, agua putrefacta. Que no nos toque el sarnoso, el miserable, el vagabundo, el muerto de hambre. Siempre que apartemos de nuestra mente que esa India no existe, mentira, estamos viajando a la India de catálogo. Pero a pesar de todo, la India, se cuela por los poros, nada es lo bastante hermético. Por las rendijas se descubre una vida diferente, otras maneras de hacer y de vivir, rodeados de basura, desechos y gente, mucha, saturación. Esta vivencia cruel hace que el viaje sea desacompasado, entre las ganas de huir y las de quedarse, nos convertimos entonces en dos personas que no llegan a encontrar un acuerdo. Se pasa por los lugares rápido sin tiempo para descubrir rostros, sonrisas, saludos, y cuando queremos corresponder aparecen nuevos rostros sin sonrisas y con la mano puesta para pedir o mejor dicho para exigir una limosna.

No nos ven, no somos más que dinero que se desvanece. Las calles llenas de todo, gente, vacas, mierda, suciedad por las que querríamos pasear rodeados de la historia, de las más bellas historias. Por todo Rajastán, dicen que hay tantos dioses como leyendas, pero uno no los ve, no se impregna.

En unos segundos, hombres inmóviles sentados en las aceras, en las puertas de pequeños negocios, esperando. Mujeres que se mueven al compás del viento, como flores de pétalos multicolores, rojos, amarillos, azules, verdes, morados y parecen brisas frescas que se mezclan hasta formar mezclas difíciles de asimilar. Arco iris móviles que brillan bajo el sol, haciendo casi, pero sólo casi invisible la basura que las rodea.

Y siempre vuelve el nulo aislamiento de los cinco sentidos humanos, vista, oído, olfato, gusto y tacto, puestos a prueba en la India.

Visiones de un mundo fuera de las revistas de viajes, pobreza extrema mezclada con hacinamiento y miseria mal llevada, rodeados de basura, sin importar la dignidad.

Ruidos de motores, de cláxones ensordecedores de motos, cientos, miles, por doquier, a todas horas, en cualquier lugar.

Olores que a veces son tan nauseabundos que cortan la respiración: en los desagües que corren por la superficie de las calles, boñigas de vaca, de murciélagos, de ratas, humanas, lo suficientemente tiernas como para unirse a la suela de nuestras sandalias al menor descuido.

Tampoco podemos quedarnos al margen es la oportunidad de adentrarse en un mundo real y diferente al nuestro. Una lección para intentar comprender después de estar seguros que hemos conocido la India verdadera, alejada de películas de Bollywood. Romper la burbuja de aislamiento es darse un tortazo con la realidad, pero es la única manera de disfrutar plenamente, también de la India. Un país que sin duda oculta su parte maravillosa, hermosa, magnífica, subyugadora o quizás no la esconde, simplemente está ahí. Viajando sin máscara y sin pecera, se puede llegar a concebir porqué la India despierta desde el odio más exagerado hasta la fascinación más colosal. Es tan diferente, tan contradictorio, que en un mismo lugar se pueda encontrar desde lo más espeluznante hasta lo más hermoso.

Cabe la posibilidad que algunos viajeros vuelvan algo decepcionados, aturdidos o disgustados, aquellos, que no encontraron en casi ninguna parte una acogida especial, una atención o una bienvenida de la que muchos hablan. Es cierto que se visitan lugares extraordinariamente hermosos, pero también se puede llegar a vivir muchas situaciones en las que uno se siente engañado y estafado. No es exotismo lo que emana SIEMPRE de sus calles: suciedad, mal olor y miseria se imponen a cualquiera otra característica, sin embargo, se deja India con la sensación de que no se llegado a conocerla, de que quizá se han escapado maravillosas oportunidades o tal vez Rajastán, ha perdido gran parte del encanto de antaño.


De cualquier manera, cada viaje es único e irrepetible y no se puede sacar del contexto vivido, ni más allá de los límites en los que se ha desarrollado. El que quiera descubrir qué hay de verdad en el mito de un viaje a la India, deberá descubrirlo por sí mismo.

sábado 3 de octubre de 2009

24 horas en Munich

Munich, en alemán, München el nombre tiene su origen en la palabra Mönche, que significa monje y hace referencia a los monjes del Tegernsee, fundadores en el siglo XVIII, de la aldea que dio origen a la ciudad. Es una de las llamadas Ciudades Mágicas de Alemania, en tierras germanas dicen que la diversidad responde al nombre de Ciudad Mágica de Alemania y Munich es una de ellas.

Vamos a comenzar nuestra ruta por el centro peatonal de Munich. Esta zona comercial libre de tráfico, es la más popular de Munich y se extiende desde la Karlsplatz hasta el extremo oeste de Marienplatz. Cerca de la Karlsplatz podemos visitar tres de las iglesias más significativas de Munich y en la ciudad hay un total de 300.

La Karlstor, es una puerta de finales del siglo XIII, pero reconstruida en varias ocasiones, lo que a mi parecer le da una imagen de puerta de parque de atracciones.

Un poco más adelante, en Neuhauser Strasse nº 14 se abre la Bürgersaalkirche, oratorio barroco de una congregación mariana, realizado en 1710 por Giovanni Antonio Viscardi. El interior ha perdido los frescos originales pero el oratorio barroco se ha restaurado perfectamente con estucos de Francesco Appiani. En la parte interior de la fachada se puede ver la obra esculpida en 1763 por I. Günther, el grupo del “Ángel custodio”. Telf.: 089-219972-0. Conexiones de transporte: U Bahn o S-Bahn, parada Karlsplatz-Stachus. http://www.mmkbuergersaal.de/

En el nº 6 de Pacellistrasse se encuentra la Dreifaltigkeitskirche o Iglesia de la Santísima Trinidad, es una obra barroca de gusto italiano, realizada entre 1711 y 1718 por Giovanni Antonio Viscardi. El interior, de planta central, está decorado con estucos de J. G. Baader y frescos de Cosmas Damien Asam de 1715. Cuentan una historia fascinante sobre la construcción de esta iglesia, parece ser que a raíz de una visión donde Munich aparecía destruida por las llamas la ciudadanía decidió construirla para solicitar intervención divina. Curiosamente es una de las pocas iglesias que se salvaron en la II Guerra Mundial.

La Michaelskirche o Iglesia de San Miguel, iglesia jesuita realizada siguiendo el modelo de la iglesia romana del Gesú. Las obras fueron dirigidas por diferentes arquitectos entre los que se encuentra el holandés F. Sustris, que trabajó de 1583 a 1597. Fue reconstruida después de la guerra. La fachada, de influencia italiana, está decorada por las estatuas de los Wittelsbach, en nichos; entre las dos portadas destaca la estatua de bronce de San Miguel, luchando con un dragón, obra de 1585 de Hubert Gerhard. Tiene la segunda bóveda de cañón más grande del mundo detrás de San Pedro del Vaticano. El interior de estilo renacentista, de una sola nave con valiosa decoración, conserva valiosas obras de arte. Altares laterales: en el segundo a la derecha, se puede ver un retablo de Hans von Aachen; en el tercero de la derecha y de la izquierda hay retablos de P. Candis. En el transepto, en los altares de las cabeceras se exponen retablos A. M. Viviani. En el brazo derecho se guarda una Crucifixión de Giambologna y de H. Reichle, del año 1595. En el brazo izquierdo está el monumento funerario de Eugenio Beauharnais, hijo de la emperatriz Josefina, virrey de Italia y yerno de Maximiliano I rey de Baviera, fallecido en 1824. El monumento es obra de Thorvaldsen, de 1830. En el coro destaca su grandioso altar mayor realizado por W. Dietrich en 1586; muestra un retablo de San Miguel, obra de C. Schwarz de 1587. En el altar derecho se muestra un retablo de la Crucifixión realizado en 1592 por von Aachen. En la cripta (visita previo pago) se conservan tres sepulturas de los Wittelsbach, entre las que se encuentra la del trágico Luís II, fallecido en 1896 y la de Maximiliano I. Horario: 7 a 21 h. Neuhauser Strasse 52. Telf.: 2317060. Conexiones de transporte: U Bahn o S-Bahn, parada Karlsplatz. www.jesuiten.org/st-michael.

En el lateral derecho de la iglesia de San Miguel se halla el gótico edificio de la antigua Augustinerkirche, iglesia construida entre los siglos XIII y XV, que fue restaurada en época barroca y reconstruida después de la guerra; en la actualidad está desconsagrada y alberga el Deutsches Jagd und Fischereimuseum o Museo de la caza, alberga grandes recreaciones de animales salvajes en su medio. Neuhauser Strasse 2. Conexiones de transporte: U Bahn o S-Bahn, parada Marienplatz. http://www.jagd-fischerei-museum.de/

Nos dirigimos ahora hacia la Frauenkirche o Iglesia de Nuestra Señora, la catedral de Munich y de Baviera. Construida en veinte años, de 1468 a 1488, por Jörg Ganghofer. Es un inmenso edificio de ladrillo con una capacidad para 20.000 personas, más que los habitantes de Munich de entonces. Su estilo es del gótico tardío, con su techo de bulbos y con sus dos torres gemelas de 99 m. coronadas por cúpulas italianas, que ofrecen una excepcional vista sobre la ciudad de Munich y los cercanos Alpes, las torres resultan visibles desde varios kilómetros a la redonda. El interior de la iglesia, de vastas proporciones 109 X 37 X 30 m., impresiona por la sencillez de su estructura dividida en tres naves por pilares octogonales y por conservar numerosas obras de arte. En el inicio de la nave lateral derecha se halla el mausoleo del emperador Luís IV, Ludwig el Bávaro (1287-1367), de mármol negro y bronce, realizado según diseño de Hans Krumper entre 1619 y 1622. En la parte baja se pueden ver cuatro figuras arrodilladas de guerreros y las figuras de pie de los duques Alberto V y Guillermo IV; en lo alto se hallan las figuras de la justicia y del emperador entronizado. En las ventanas del coro se conservan preciosas vidrieras de los siglos XIV y XV; las estatuas de la sillería son una reconstrucción de las realizadas entre 1492 y 1503 por Erasmus Grasser ya que las originales fueron destruidas durante la guerra. En el deambulatorio se pueden ver numerosas obras de arte: en la segunda capilla absidal se conservan 12 relieves de tema mariano realizados en 1774 por I. Günther, una tabla de la Virgen del Socorro realizada en 1510 por Jan Polak y hermosas vidrieras del año 1493 realizadas por E. Himmel. En las dos capillas siguientes, de la izquierda, se guardan una tabla en la que representa el Bautismo de Cristo, de F. Pacher de 1483 y el Memminger Altar, realizado por C. Strigel hacia 1500. En las capillas situadas a la izquierda del coro se muestran tablas de P. Candid, de principios del siglo XVII. En la cripta se pueden ver las sepulturas de los Wittelsbach, desde el emperador Ludovico el Bávaro hasta el duque Alberto V, fallecido en 1579 y del último rey Luís III, fallecido en 1921. También se hallan aquí las sepulturas de los cardenales arzobispos. No olvidarse de buscar la legendaria “huella del diablo” que se encuentra en el suelo de la iglesia, cerca de la entrada. La Frauenkirche es el emblema indiscutible de Munich, desde aquí se puede escuchar el carillón que proviene de la plaza de Maria o Marienplatz. Horario: de 10 a 17 h. Conexiones de transporte: U Bahn o S-Bahn, parada Marienplatz.


La parte antigua de la ciudad, Isarvorstadt, en la orilla oeste del Isar, es un agradable zona para pasear por sus pintorescas callejuelas. Aquí se pueden observar una serie de edificios de estilo barroco y rococó. La mayoría fueron construidos durante la primera mitad del siglo XVIII, por los soberanos de Baviera e inspirados por los modelos italianos.

Podemos iniciar nuestro periplo por el centro del barrio antiguo, el alma de Altstadt, donde se halla la Marienplatz, es el corazón de Munich, centro geográfico y social de la ciudad, escenario de los principales acontecimientos históricos y sede hasta el siglo pasado, del mercado y de las fiestas populares. Esta famosa plaza toma su nombre de la dorada Columna de la Virgen María con el niño que se alza en mitad de la plaza, llamada Mariensäule. La columna fue erigida en 1638 para celebrar el fin de la ocupación sueca. Con 11.6 m. de altura, está formada por un monolito de mármol que sustenta la estatua de bronce de la Virgen Patrona Bavariae, obra de Hubert Gerhard. A los pies cuatro angelotes armados, combaten contra la peste (simbolizada con el basilisco), el hambre (simbolizada con el dragón), la guerra (simbolizada con un león) y la herejía (simbolizada con una serpiente); son obra de B. Ernst. Todas las carreteras de Baviera se miden desde este punto.
Aquí se instalan puestos de flores y el famoso mercadillo de Navidad: Christkindlmarkt, es el mercado de Navidad más grande de Munich, con puestos y tenderetes en los que se vende artesanía, regalos y una bebida nórdica llamada Glühwein, consistente en vino caliente mezclado con canela, clavo y otros ingredientes, que se toma normalmente durante estas fiestas y completado con árbol de Navidad de proporciones descomunales. Desde Adviento; el 30 de noviembre, hasta el 24 de diciembre. Horario: de lunes a viernes de 10 a 20:30 h. Sábados de 9:30 a 20:30 h. y Domingos de 10 a 19:30 h. La música navideña alpina suena a diario en directo desde el balcón del ayuntamiento. Conexiones de transporte: U Bahn o S-Bahn, parada Marienplatz.

La cercana Fischbrunnen o fuente del Pez, es una obra del 1865 de Konrad Knoll. Inevitablemente esta fuente nos transporta a los días de mercado medieval, cuando el pescado se mantenía vivo en la fuente antes de venderse. Actualmente, todos los Miércoles de Ceniza, el alcalde y los concejales lavan sus billeteras en la fuente para que las arcas de la ciudad estén siempre llenas. Si el visitante sumerge la cartera un Miércoles de Ceniza, ésta siempre estará llena, aunque si uno no cree lo suficiente, puede acabar con la cartera mojada.

En la misma plaza, Marienplatz, se encuentran los dos ayuntamientos:



Todo el flanco norte de Marienplatz está dominado, por el ornamentado Neues Rathaus o Ayuntamiento Nuevo. De estilo neogótico construido entre 1867 y 1908, está coronado por el Münchner Kindl o Niño de Munich, con su hábito de monje, los Evangelios en la mano izquierda y la derecha levantada en señal de bendición, el Niño de Munich recuerda los orígenes monacales de la ciudad y es su principal icono. Vestido de negro y amarillo, los colores de Munich, acompaña a caballo todos los desfiles oficiales, incluido el del Oktoberfest. También está presente en objetos como tarjetas postales, jarras de cerveza e incluso, en las tapaderas del alcantarillado. La fachada del edificio está adornada con diminutas estatuas de gobernadores bávaros y otros personajes. Pero la mayor atracción es el famoso reloj de carillón de la torre de 85 metros de altura, el Glockenspiel. Es el mayor de Alemania consta de 43 campanas acompañadas de marionetas mecánicas de cobre esmaltado que representan escenas históricas de Munich. Cada mañana, a las once (también a las doce y a las cinco de la tarde entre mayo y octubre), se ponen en movimiento las figuras representando un torneo medieval y bailes populares. Se puede subir en ascensor hasta el mirador de la torre desde el que se tiene hermosas vistas. Horario torre: de lunes a viernes de 8 a 19 h. Sábados, domingos y festivos de 10 a 19 h.

Los nostálgicos restos bombardeados en la II Guerra Mundial, del antiguo palacio municipal ocupan el lado oriental de Marienplatz. El Altes Rathaus, el viejo Ayuntamiento, es un edificio gótico del 1474 construido por Jörg Ganghofer von Halsbach. El salón de la planta baja y la torre; antigua puerta de la ciudad, son originales. Alberga desde 1983, el Spielzeugmuseum, un encantador museo del juguete. Horario: diariamente de 10 a 17:30 h. Conexiones de transporte: U Bahn o S-Bahn, parada Marienplatz.


Al sur de la plaza se halla, remetida, la Peterskirche o Iglesia de San Pedro, es la iglesia parroquial más antigua de la ciudad, del siglo XIII, dedicada a Santa Munditia, patrona de las solteras. Fue reconstruida dos veces en la época gótica y modificada en estilo barroco con estucos y frescos de J. B. Zimmermann en el siglo XVIII; fue reconstruida casi enteramente después de la Segunda Guerra Mundial. Es muy característica la torre de su fachada, llamada Alter Peter, de 96 m. de altura, realizada en el siglo XIV con coronamiento barroco de 1620. Su amplio interior de 90 m. mezcla elementos góticos, barrocos y del rococó, está dividido en tres naves. Sobre el altar mayor se muestra una estatua de San Pedro obra de E. Grasser de 1492, con las estatuas de los cuatro padres de la iglesia, realizadas en 1732 por Egid Quirin Asam. La pila bautismal es de estilo barroco. A la izquierda del presbiterio se conserva un políptico de Jan Polak, realizado en 1517, que representa la leyenda de San Pedro. Hay que ascender 306 peldaños para llegar al mirador en la torre renacentista. Desde su campanario se obtienen bonitas vistas y si sopla el Föhn, un viento cálido y seco al que se le culpa de todo, desde los dolores de cabeza al mal humor y al letargo, se podrá ver los Alpes en todo su esplendor. Horario torre: de lunes a sábado de 9 a 19 h. Domingos y festivos de 10 a 18 h.

Dirigimos nuestros pasos hacia el pintoresco Viktualienmarkt, es uno de los lugares más populares y frecuentados de la ciudad, fundado aquí en 1807, en su origen era un mercado de granjeros, pero ha evolucionado hasta ser una meca para gourmets. Este mercado de alimentos, al aire libre, es el más grande de Munich, con productos de diferentes naciones distribuidos por sus 140 puestos. La plaza está decorada con la fuente Karl Valentin Brunnen, con la estatua del célebre actor cómico. Alrededor del árbol de mayo o Maibaum, vendedoras del mercado ofrecen ramos de flores, cestos de frutas y verduras, carne, huevos, miel, hierbas, quesos, embutidos y pescado. Si bien entre semana es difícil abrirse paso por el mercado a la hora de la compra, el ambiente que se respira es único. Los sábados por la mañana reina una impresionante aglomeración. Horario: de lunes a viernes de 7:30 a 18 h. sábados de 7:30 a 13 h. Conexiones de transporte: U Bahn o S-Bahn, parada Marienplatz.

En el extremo norte de Viktualienmarkt, en el nº 77 de Im Tal está la Heiliggeistkirche o Iglesia del Espíritu Santo. Construida en el siglo XIII y reconstruida en época barroca. Tras la guerra, se han reconstruido los estucos y los frescos de los Hermanos Asam. En el altar hay un retablo, pintado por U. Loth en 1661 que representa “Pentecostés”. El techo rococó es sencillamente sorprendente. Horario: diariamente de 7 a 12 h. y de 15 a 18 h. Conexiones de transporte: U Bahn o S-Bahn, parada Marienplatz.

Im Tal, es la calle que une por el este Marienplatz con la Puerta Isartor.
Al final de la calle Im Tal se encuentra la Puerta Isartor, es la más antigua de la ciudad, del 1337, renovada en 1833 con el añadido de un gran fresco histórico: “La entrada de Ludovico el Bávaro”. En la torre de la izquierda se ha instalado el Valentin Musäum dedicado al gran cómico Karl Valentin (1882-1948), satírico actor, comediante, conocido personaje de la ciudad e hijo predilecto que actuó muchos años con Liesl Karlstadt. Horario: de 11 a 17 h. Una pequeña sala de la torre, ambientada a modo de finales del siglo XIX alberga un café.

Desde los puentes que cruzan el Isar se contemplan maravillosas vistas del río y del paisaje urbano. Quizá el de mayor importancia histórica sea el Ludwigsbrücke, entre el Deutches Museum y el Müllersches Volksbad. Dicen que intervino personalmente Hitler en su diseño.



Una buena alternativa a la cafetería del Deutches Museum es el Café Stör, merece la pena la visita a este magnífico edificio-café art nouveau, con techo de cristal ubicado en el Müller’sches Volksbab o Müllersches Volksbad, unos baños públicos construidos entre 1897 y 1901 según el diseño de Carl Hocheder, es la joya Jugendstil de Munich y una de las casas de baño más hermosas de Europa. Llevan el nombre de Karl Müller, el ciudadano que financió el proyecto. Dentro del baño encontramos: una piscina, un baño irlandés romano de vapor, una sauna, baños y un solarium. Rosenheimer Strasse 1. Horario: de 7.30 a 17 h.

Río Isar, si se toma como punto de partida el Deutsches Museum, junto al puente de Cornelius, se puede caminar, en dirección sur, por la orilla derecha del río Isar. Hacia la mitad de la ruta conviene desviarse para contemplar la rosaleda.

martes 29 de septiembre de 2009

Diario viajero de Dunia



Ante la pregunta de mi próximo destino, no puedo evitar cierto estremecimiento al recordar todos los lugares donde ya he estado. Hace tiempo que sé que mi lista de viajes soñados está realizada y que sin duda debo empezar a construir una nueva. De momento y sin perspectiva de viaje a la vista (de momento), pienso en lo mucho recorrido por el planeta, es mucho más de lo que hubiera imaginado nunca. En mi cara se dibuja una sonrisa cuando pienso que: ¡Yo, he viajado!

Nací por suerte, cerca de la Barcelona de Gaudí, la ciudad de los edificios multicolores y la ciudad de la arquitectura con formas de fantasía inimaginables.

Mi primer gran viaje, igual que mi primer gran amor, me llevó a bailar a una cuadra de Samba en Brasil, en una de las navidades más calurosas que jamás he pasado, días bañados de sol y caipiriñas.

Recorrí los mercados flotantes de Bangkok cuando aún no era una atracción turística y las vendedoras te ofrecían lichies con una sonrisa. Contemplé a las mujeres más bellas que nunca había visto, en una danza de exótica sensualidad.

Disfruté como una niña en las atracciones de Disneyland y paseé por el París bohemio del barrio de Montmartre y volví una y otra vez a la Ciudad de la Luz para enamorarme y desenamorarme.

Recorrí el desierto egipcio de Ramsés subida a lomos de un dromedario y escuché al almuecín llamar a la hora de la plegaria por los innumerables minaretes de la ciudad de El Cairo. Me encontré a solas en Abu Simbel, susurrando a Nefertari lo amada y bella que había sido y me rendí al contemplar la inmensidad de las pirámides y la majestuosidad de la Esfinge.

Bailé en una cueva de Capadocia y entendí la importancia de un copo, y fue aquí donde me enamoré perdidamente de Estambul. Me entretuve en los bazares de especies, con sus olores, sus brillos, su gente y regatee animadamente mientras saboreaba un té a la menta. Descubrí que existen príncipes de cuento y que los suspiros no entienden de distancias.

Me sentí griega, romana, bizantina, egipcia, árabe, africana e inca.

Saboreé el café frappé en Grecia, el zumo de caña en Brasil, el agua de coco en Malasia, la cerveza de melocotón en Bélgica, la chicha y el pisco en Perú. Comí con las manos en Malí, probé el sushi en Japón, el reno en Laponia, el rissotto en Venecia, los bocadillos de calamares en Madrid, el chocolate en Bruselas, los pinchos en Bilbao, las tapas en Granada y el kebab en Jordania.

A través de Sodoma y Gomorra, mi hermana y yo, subíamos al autobús de línea y recorríamos la isla de Creta con el mismo revisor pulpo, todos los días, sin música sirtaki pero con muchas risas.

Fui dama medieval ante las vidrieras de la Sainte Chapelle, teutona de largas trenzas en una cervecería de Munich, forjador de espadas en Toledo, Médicis en Florencia, druida en Dublín y Zenobia en Palmira.

Recorrí calles empedradas por el tiempo, oasis verdes tapizados de palmeras, pisé arenas blancas de costas tropicales y montañas llenas de sonidos en la selva. Caminé por el desierto, me deslicé por la nieve, subí por la falda de volcanes y corrí por lagos congelados.

Pasé una tarde en un haman, con rechonchas y sudorosas mujeres que me masajeaban el cuerpo y fumé una pipa de agua delante de la maravillosa ciudadela de Alepo, después de regatear una mesa taraceada en el bazar.

Recorrí el siq de Petra con el corazón encogido por tanta belleza, salté por las multicoloridas dunas del Wadi Rum acompañada de beduinos y floté en las aguas del Mar Muerto.

Me encontré con Dios, con Buda, con Alá, con Trimurti, con la Madre Tierra, la pachamama, la diosa Izamani y Kali. Y todos ellos me dieron el mismo mensaje.

Viajé en avión, avioneta, shinkansen, tren, tranvía, hidrodeslizador, barco, pinaza, canoa, góndola, trineo, autobús, coche, moto, motonieve, tuk-tuk, carro, calesa, bicicleta, camello, caballo y en reno.

Contemplé el arte con los ojos de Leonardo da Vinci, Rafael, Sandro Botticelli, Rodin, Gian Lorenzo Bernini y Miguel Ángel.

Las noches se plagaron de estrellas y grandes lunas en las calles de Estambul, en la Piazza de San Marcos de Venecia, en las tabernas de la ciudad de El Cusco, en las terrazas de Sevilla, en la Falla de Bandiagara del País Dogón y en la bien amada Granada.

Escalé y contemplé el sol en Machu Picchu, sobrevolé las líneas de Nazca y navegué por el Lago Titicaca.

Acaricié a Puppy, al viringo, al reno, a la tortuga de agua, al caballo, a Chispa, a los ciervos de cola blanca, a Luna y a cada animal que por mis manos pasó. Lloré por ellos, por su pérdida, pero sé que otros muchos murieron para alimentarme.

Subí a las pirámides más altas de Honduras, al volcán más profundo de Nicaragua, llegué a la playa más lejana de Costa Rica y a la selva más profunda de Guatemala.

Dormí con los indios Iban en la selva de Borneo, indios quechua en la isla de Taquile, beduinos del desierto en Ramlat as Sabatain y con los mossi en su casa fortaleza. Dormí dentro de un iglú de hielo, dentro de una cabaña de madera, dentro de una tienda de campaña; en una casa de adobe, a orillas del mar y con los sonidos de la selva.

Me deslumbré con el mármol blanco de Pisa, las piedras preciosas del Taj Mahal, con el verde de la Selva de Borneo y el azul de los cielos de Burkina Faso.

Me vestí de malaya, de asiática, con sari hindú, con poncho peruano, con kaftán árabe y kimono japonés.

Olí el pan recién hecho de los hornos de Sana’a, la pimienta de los campos de Malasia, el café de Costa Rica y el olor de la hierba recién cortada.

Viajé hasta el fin del mundo conocido; Finisterre, y respiré el olor del océano.

Mi amado Mar Mediterráneo, mi Mar Cantábrico, me he bañado en las aguas del Mar Muerto y en el Mar arábigo, navegado por el Mar Adriático, el Mar de Mármara y el Mar Egeo. Contemplado las puestas de sol en el Mar de la China, .he visto la fuerza del Océano Pacífico y del Océano Atlántico. Recorrido el río Sena en bateaux-mouche, el lago Inari en motonieve y el río Níger en pinaza.

Descubrí el área metropolitana más poblada del mundo con 31.2 millones de habitantes; Tokio. Navegué por el lago más alto del mundo a 3.800 metros sobre el nivel del mar; el Lago Titicaca. Visité la ciudad con el nombre más largo del mundo; Krungtep maha nakorn amarn rattanakosindra mahindrayudhya mahadilop pop noparatana rajdhani mahasathan amorn piman avatarn satir sakkatultiya visanukarn prasit; Bangkok. Estuve en el estado independiente más pequeño del mundo; la Ciudad del Vaticano. Recorrí el río más largo del mundo con 6.670 Km.; el Nilo.

Escribí, fotografié y dejé grabado en el recuerdo miles de momentos. Tuve el corazón roto por las despedidas, me inundó la soledad al contemplar lo pequeños que somos, tuve la mente ida por querer descubrir aún más, me inundó la risa, me embriagó el miedo, me inundó la paz, me extasiaron las maravillas de la naturaleza, se me llenó el alma de felicidad. Gané porque vi más mundo del que nunca hubiera imaginado y puedo decir que: Yo he viajado, yo he vivido.

domingo 20 de septiembre de 2009

El Cuerno de Oro



El Cuerno de Oro, es el puerto natural más hermoso de todos los que he visto, no importa en que orilla te encuentres, Haliç; en turco, impresiona, maravilla. Considerado un valle fluvial, es una bonita palabra para designarlo, por él recorren barcos desde hace cientos de años. La leyenda dice que los otomanos lanzaron tantos tesoros al agua que las aguas tenían destellos dorados y por eso lo bautizaron: el Cuerno de Oro, el cuerno de la abundancia. Varios puentes cruzan esta masa de agua, quizás el más famoso sea el Puente de Gálata. No importa como se cruce esta masa de agua, si en barco o por cualquiera de sus puentes, pero sí debemos cruzarlo con la mirada, con la mente vacía para grabarlo en la memoria para siempre.


viernes 18 de septiembre de 2009

Vídeo de Puentes entre dos mundos

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lunes 14 de septiembre de 2009

Estambul, capital europea 2010



Después de ocho años he vuelto a pisar la maravillosa ciudad de Estambul, el tiempo ha pasado por esta ciudad con la misma sabiduría que lo ha hecho conmigo. La ciudad se ve más luminosa, más abierta al mundo, es mucho más europea que asiática. Estos ocho años la han hecho más cosmopolita, merecedora del título de capital europea para el año 2010, una magnífica anfitriona para representar al viejo continente.



Un continente que debería abrirse a oriente con el corazón y la esperanza, igual que han hecho muchos estambulitas. La ciudad ha renovado su parque de automóviles, atrás quedan los viejos dolmus oxidados y los taxis apedazados. El tráfico es abundante pero silencioso, no utilizan el claxon a diestro y siniestro y para los habitantes es de agradecer.





Las calles están limpias, todo en perfecto orden de revista, el mar huele a sal y el aire a kebab y las mujeres visten a la europea con la última colección española de Mango, pasando por el uso del pañuelo o türban (aunque en España se conoce más como hiyab) o en completo Çarsar, una túnica negra que cubre todo el cuerpo. Los estambulitas en su mayoría han dejado de utilizar túnicas y se lanzan con sus camisetas y bufandas a animar a sus equipos de fútbol en los alrededores del estadio horas antes de que comience el partido.

Desde mi punto de vista la Estambul que conocí ha crecido y aunque me alegra que haya seguido su propio camino, siento cierta añoranza por la Estambul vieja. Aquella donde sonaban las cinco llamadas a la oración diarias, la del cielo gris y atmósfera llena de niebla del mes de Diciembre y que encharcaba el suelo en Eminönü, mientras devorábamos un bocadillo de caballa al lado del barco de pescadores.

A ti, ciudad de cuentos orientales, donde príncipes secuestraban doncellas, a ti: Estambul.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Mercados Africanos

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